23 Nov 2019

La eterna pregunta que a menudo escuchamos en el despacho de la academia cuando comienza el curso es: ¿Para tocar un instrumento, tengo que aprender solfeo?

Nosotros intentamos explicar que aunque, a priori, no sea muy necesario, es recomendable desde el principio. Por supuesto, explicamos que ahora no lo llamamos solfeo, sino que lo llamamos: Lenguaje Musical. La mayoría se sienten algo aliviados porque el hecho de escuchar la palabra solfeo les crea la sensación de antaño de ser un poco aburrido, difícil y que no sirve para tocar. Afortunadamente, esa sensación va desapareciendo desde que, en el año 1992 con la reforma educativa que se hizo en este país, la famosa asignatura de solfeo pasó a llamarse Lenguaje Musical.

En este artículo voy a hacer un breve resumen de lo que es la asignatura de Lenguaje Musical. El epígrafe del título que recibe, da lugar a un pensamiento muy amplio de lo que puede ser, porque como yo les digo a mis alumnos: —todo lo que no es aprender a tocar un instrumento, lo aprenderemos en  Lenguaje Musical—. Es por eso que este escrito lo voy a centrar en la asignatura básica, porque en una buena educación musical tiene que haber una formación integral de todos los aspectos de la música—armonía, contrapunto, análisis, historia, técnica del instrumento y un largo etcétera de cosas que hacen que uno pueda ser “Músico”.

El lenguaje musical, como concepto, está en toda manifestación sonora y escrita, de la música.

Lo primero que voy a explicar es el término: SOLFEO.

El solfeo, tradicionalmente, se ha considerado una disciplina de la música en la que una persona es capaz de  leer una partitura, entonarla pronunciando las notas—do, re, mi, fa, sol, la, si—,  marcando el compás y sabiendo darle  interpretación a todos los signos escritos. Esto es lo que llamamos Solfear. Hay que tener en cuenta que el término viene de la Solmisación y que podemos agradecérselo a Guido D’Arezzo—monje que en el siglo XI puso el nombre a los sonidos—. Hasta no hace tantos años, en una formación académica, lo que se estudiaba era Solfeo, importante para un buen conocimiento de lo que nos dicen las partituras. Con los años, esta disciplina se quedaba un poco escasa para la buena formación de un músico, ya que, en los conservatorios, cuando se acababan los seis cursos de solfeo—preparatorio y cinco cursos más, uno tenía que abordar otras asignaturas de la carrera musical como: armonía, formas musicales, acompañamiento, historia, estética, acústica… y en ocasiones eran costosas porque en la preparación previa no se habían trabajado. El paso del llamado solfeo a la asignatura de Lenguaje Musical, supuso una ampliación de miras, ya que ésta trabajaba muchos aspectos del lenguaje que hasta entonces estaban un poco descuidados. Las reformas educativas, en ocasiones son criticadas y censuradas, pero tengo que decir a favor, que ampliar el solfeo a una asignatura que trabaja muchos factores musicales fue un avance pedagógico. Por contrapartida, la enseñanza de la asignatura, tuvo su proceso de adaptación tanta para el alumnado como para el profesorado.

Hablemos pues de la asignatura de: LENGUAJE MUSICAL.

Realmente, aprender música es un proceso de muchos años y, como en un idioma, su asimilación lo da la buena preparación y dedicación, en definitiva: “hablar en música”. Digo esto porque el lenguaje musical al igual que un idioma, uno tiene que saber “pensar” en él. Leyendo estas líneas, cualquier neófito se puede asustar, pero tengo que decir que con un buen método pedagógico y un buen profesor todo se consigue y además con todo lo que se trabaja en Lenguaje Musical, cualquier alumno disfruta desde el primer día.

A nivel académico, la asignatura se plantea en cuatro cursos elementales y dos profesionales. A diferencia del antiguo solfeo, los alumnos llegan después a las asignaturas más complejas  y las afrontan  con naturalidad.

Tenemos que tener en cuenta que se plantea para que, aparte de aprender a solfear, el alumno eduque el oído, entienda la música, su estructura, su estética y sepa relacionar todos los elementos y en un futuro pueda integrarlos en el bagaje musical tanto si es intérprete, compositor o un buen músico aficionado. Lo que está claro es que, si se trabaja bien, uno disfruta de la música mucho más y mejor. La música es un lenguaje universal que, si se conoce, se vive de otra manera.

Los aspectos que se trabajan son:

Teoría: consiste en ir aprendiendo e incorporando progresivamente todos los aspectos reglas, definiciones, escritura, etc.

Lectura y Entonación: disciplina necesaria para dominar la buena interpretación de las partituras sin apoyo del instrumento. Esto es lo que sería el antiguo solfeo.

Dictado: habilidad imprescindible para cualquier músico. Al igual que, cuando uno habla un idioma luego aprende a escribir lo que escucha, con la música ocurre lo mismo. El adiestramiento paulatino hará que seamos capaces de plasmar en un papel las diferentes voces y armonías que escuchemos.

Audición: Un futuro músico y melómano, debe de aprender a escuchar y diferenciar los distintos timbres de los instrumentos.

Análisis: Poder reconocer las estructuras donde los compositores han escrito sus ideas es muy importante. Comprender su armonía, textura, estética etc. nos va a ser de gran ayuda para memorizar, e interpretar cualquier tipo de partitura.

Historia: importante para situar los estilos musicales, compositores y darles el carácter propio.

Todos estos aspectos se pueden ampliar, de manera que sirvan para que el alumno esté preparado para las asignaturas que tendrá que afrontar en una formación profesional.

La creatividad, improvisación, expresión corporal, canto coral… también son destrezas muy útiles para un mejor aprendizaje. Éstas se pueden ir incorporando en relación a los conocimientos y nivel.

Después de un breve resumen de lo que puede ser el estudio del lenguaje musical, puedo decir que en la experiencia de los 41 años de Musicales Andiano, afrontar el lenguaje de la música con tantos aspectos diferentes, hace que los alumnos disfruten desde el primer día. Tanto niños como adultos comprueban, en poco tiempo, lo interesante, útil y divertido que es entender una partitura, saber de instrumentos, cantar a voces, escuchar música y distinguir los diferentes sonidos, incluso ser capaces de componer melodías, ponerles acordes y poderlas tocar o cantar.

Recomiendo a todas las personas que empiezan a tocar un instrumento que, aunque existan partituras facilitadas para poder tocar desde el primer día, el lenguaje musical nos va a aportar la riqueza necesaria para que nuestras interpretaciones traspasen las propias partituras. En definitiva, conocimiento necesario para poder ir más allá.

Confieso que la palabra solfeo no la he quitado de mi lenguaje cotidiano; supongo que será nostalgia de aquellas tardes de conservatorio, cantando todos; do, re, mi... Esa época la recuerdo con cariño y pienso qué labor tan importante la de aquellos profesores de Solfeo, nunca valorados. En estos tiempos de “lenguaje musical” quiero destacar y dar las gracias a todos los pedagogos que con sus aportaciones han hecho que hoy hayamos llegado hasta aquí.

Begoña Andiano

23 Nov 2019

Durante el periodo estival, suelo meditar sobre la música y lo que nos reporta a los que estamos en ella. La música tiene la capacidad de la comunicación sin palabras; sólo con sonidos. Es por eso que se convierte en algo mágico, que traspasa fronteras, culturas y atraviesa corazones.

En mi reflexión de hoy, como músico que soy, no puedo evitar pensar con criterio profesional y analizar todo lo que escucho en mi vida, mi cabeza… Los músicos, inevitablemente, “pensamos en música” y el otro día volviendo a ver la película “Coco” de Disney, me di cuenta que hay instrumentos que nos ayudan a expresarnos mejor. Decidí que la Guitarra, por sus cualidades, era el instrumento polifónico más intimista y con más capacidad de seducir entre la infinidad de instrumentos y timbre que existen.

 La guitarra es un instrumento que tocamos directamente apoyado en nuestro cuerpo. Sentimos su vibración ya que tenemos la caja de resonancia cerca de nosotros y   movemos sus cuerdas —ellas producen el sonido— con nuestros dedos, siendo una prolongación de uno mismo. Sabemos que la voz humana es el único timbre natural que poseemos, pero la guitarra se convierte en el único instrumento polifónico con más prolongación natural de nosotros mismos.

 Cuando escuchaba el oscarizado tema de “Recúerdame” de Robert López y Kristen Anderson-López, me daba cuenta del poder de su timbre. Cómo una canción, cambiaba tanto de una versión con orquesta y mariachis a una interpretada con una simple voz y la guitarra. A pesar de mi defecto profesional de analizar y filtrar todo a raciocinio musical, confieso que lloré. La emoción y el buen arreglo de este tema cantado por Miguel y la abuela Coco, me hicieron pensar en la capacidad que tiene el sonido de guitarra para expresar.

En Musicales Andiano nos dedicamos a la educación musical desde hace más de 40 años y, a lo largo de este tiempo, hemos visto que aunque los gustos musicales, la demanda de instrumentos y consumo de la música etc. cambien con los tiempos, la guitarra, siempre está ahí. El poder de su expresión hace que siga presente desde hace más de cinco siglos.

He de reconocer que, yo empecé a tocar la guitarra antes que el piano, pero mis conocimientos se quedaron un poco limitados. —¡Un día de estos la retomo!

En ocasiones, siento un poco de envidia de los buenos guitarristas que con su instrumento dicen tanto. En la academia tenemos a uno: nuestro profesor de guitarra —Javier Martínez— que en ocasiones nos hace sentir “la guitarra y el poder de su expresión”.

Esta breve reflexión, espero que sirva para los que tienen duda con qué instrumento quieren expresarse. Quiero recordar el artículo La guitarra y el teclado ¿Con cuál empiezo? que publicamos hace unos meses,  en el que se hablaba más específicamente de la guitarra.

Begoña Andiano

23 Nov 2019

El lunes pasado, entró un señor por la puerta de la academia, lo pasé a la oficina y discretamente me preguntó: 
— ¿Ustedes pueden enseñarme a tocar algún instrumento? Lo digo, porque soy un poco mayor. Sabe que pasa: que la ilusión de toda mi vida, ha sido la de tocar el piano. Siempre me ha encantado la música pero he dicho: ¡a mis años, adónde voy! 
Lo curioso del caso, es que el otro día fue mi cumpleaños y entre todos mis hijos me han regalado un teclado, porque saben la ilusión que me hace. El caso es que he abierto la caja, lo he colocado encima del soporte, lo he enchufado y he visto las posibilidades que tiene. He tocado un poco "Muñequita linda",  con la mano derecha y de oído. Después he pensado que debería de aprender para, por lo menos, tocar con las dos manos.
—Si le digo la verdad, me daba un poco de pudor ir a una academia con todo niños y gente joven con la cabeza muy despejada.


Cuando acabó de hablar, con una sonrisa le conteste:

—Ha sido muy decidido. Nunca es tarde si la dicha es buena. Para aprender no hay edad y el haber elegido tocar un instrumento le va a ser muy beneficioso y gratificante. Dese cuenta que tocar un instrumento hace que cerebralmente trabajemos muchos campos neurológicos y lo más importante que disfrutemos haciendo música. Además, como me imagino que será muy melómano, el saber de música le vendrá muy bien para disfrutarla mejor y cuando vaya a algún concierto sacará más partido del acontecimiento.
Realmente sus hijos han elegido bien, regalándole un teclado. 
Para iniciarse en la música a su edad y siendo que además su instrumento preferido es el piano, el teclado nos va a permitir empezar paulatinamente con las dos manos y así en un futuro no muy lejano tocar piezas como la famosa "Para Elisa".
Nosotros llevamos 40 años enseñando música y le puedo decir que en todos estos años hemos tenido a adultos que sin pretender mucho (tocar en su casa y pasárselo bien) han acabado tocando en algún concierto; acompañando algún coro en la iglesia; o haciendo música en la fiesta de Nochevieja.
El teclado nos permite tener muchos recursos. Podemos poner muchos sonidos: pianos, violines, metales, percusiones y hasta efectos de sonido de lluvia o de viento. Por otro lado tenemos los acompañamientos que nos van a enriquecer las melodías cuando pongamos los acordes en la mano izquierda.


El señor me seguía escuchando atentamente y en un momento determinado me preguntó:
— ¿Tengo que aprender solfeo? Es que me parece muy difícil y si hay que cantar, no canto ni en la ducha. Además he visto que las partituras son muy pequeñas y mi vista ya no es lo que era.


Yo me apresuré a explicarle.
—No se apure, aquí ponemos solución para todo. Las partituras las ponemos con pentagramas grandes como cuando uno empezaba a leer las cartillas en el colegio. Al principio son partituras facilitadas donde encontrará la melodía en el pentagrama y la mano izquierda marcada con el cifrado americano. Más adelante empezaremos con algo de lenguaje musical y un poco de piano clásico. El primer día que venga a clase, se marchará a su casa tocando una melodía con las dos manos. No se preocupe porque también le explicaremos los botones que tiene que tocar para que el teclado le suene a música celestial y para que no se pierda en el teclado, le daremos unas guías, que al principio vienen muy bien para saber dónde poner los dedos. 


Yo veía que se estaba emocionando y me dijo:
—Me parece que me voy a apuntar. Me encantaría que estas Navidades fuera capaz de tocar un villancico, cuando estamos toda la familia reunida.


Ya ha pasado una semana y nuestro novel alumno ha tocado el Himno a la alegría y Kumbaya. Está feliz y todos los días saca un rato para practicar.

Sabemos los beneficios de tocar un instrumento en edad adulta y estamos contentos de que en todos estos años, la mayoría de los adultos que vinieron un periodo importante a aprender, siguen tocando; nos compran nuevos teclados para estar a la última y no se pierden nuestros conciertos.
Por eso: "Nunca es tarde si la dicha es buena".

Begoña Andiano

23 Nov 2019

Durante los meses de Julio y Agosto puedes aprovechar para aprender a tocar. ¿Te gusta la guitarra, el piano, el teclado?.  ¿Quieres saber lenguaje musical? . Si siempre has tenido el gusanillo de tocar tus canciones o piezas favoritas, no te lo pienses más. Este es el momento.

23 Nov 2019

La partitura es el lenguaje escrito de la música y, aunque la notación musical puede ser compleja, es increíble lo que nos puede decir una partitura. En la partitura se puede plasmar gráficamente todo lo que podemos expresar y decir con este lenguaje universal que es: La Música. Gracias a las partituras podemos interpretar todos los elementos de la música como son: el ritmo, la melodía y la armonía

Para hacer música y aprender a tocar un instrumento, conviene aprender el Lenguaje Musical; en resumen, todo lo que está contenido y dibujado en una partitura.

El Lenguaje Musical nos va a ayudar a comprender la música; a ser capaces de leer las partituras para poderlas interpretar, también nos va a permitir saber escribir música e incluso crearla.

La partitura es un gran invento que ha permitido a todos los compositores transmitir su música a lo largo del tiempo y compartirla con todos.

En una partitura tenemos representados: la altura de los sonidos, la duración de éstos, a qué velocidad se ejecutan, cuantos se tocan a la vez, con que instrumento, con que ritmo...  En la partitura vemos los matices musicales, la complejidad sonora y muchos más elementos que componen la música.

Históricamente hablando, la notación musical (partitura) ha ido evolucionando y cambiando. En el siglo XI Guido D’Arezzo le puso nombre a los sonidos (do, re, mi, fa, sol, la, si ) y las partituras que escribían los monjes de la época eran con neumas, una especie de dibujos que decían sin mucha precisión si subía o bajaba el sonido.

Pasó el tiempo y empezaron a escribir con el tetragrama y a representar los sonidos con la notación cuadrada. Las partituras eran poco prácticas y las hacían muy grandes para que todos los monjes pudieran seguir la música con un solo libro. Hay que tener en cuenta que en aquel tiempo no había editoriales que publicasen partituras, ni fotocopiadoras, ni disponían de tablets para poder descargar el último éxito del momento.

Posteriormente, como la música que se hacía se empezaba a complicar, añadieron más líneas a la pauta y apareció el pentagrama sobre el siglo XV y se fue utilizando progresivamente hasta quedar establecido como pauta oficial para escribir música. Hay que decir que también existía otro tipo de notación paralela, que se parecía a la tablatura que se emplea hoy día en instrumentos como la guitarra. La cuestión era que de una manera cómoda y fácil se pudiese interpretar música; por ejemplo, en instrumentos de cuerda como la vihuela.

Estamos en el siglo XXI y las partituras de hoy son una herencia de las notaciones de siglos pasados, donde los músicos se las ingeniaban para que sus ideas musicales estuvieran plasmadas en lenguaje escrito y la música se pudiera cantar y tocar.

Gracias a las partituras tenemos la historia musical occidental y hoy día podemos interpretar la música de los grandes compositores. Hay que tener en cuenta que hasta principios del siglo XX, no se podía conservar la música en una grabación. Sólo estaba  en las partituras y en la memoria de los que la escuchaban en directo.

¿Qué pensarían Mozart, Beethoven o Bach si pudiesen ver y escuchar sus óperas, sinfonías y oratorios a cualquier hora del día?

Las partituras de hoy ya no se escriben en pergaminos, ni con miniaturas de cabecera. Los músicos, aunque solemos emplear lápiz y papel pautado para escribir la música, nos aprovechamos de la tecnología, los ordenadores y sus programas de escritura musical, haciéndonos la vida más fácil. Pasaron a la historia aquellos copistas de partituras.

Las partituras nos lo dicen casi todo, pero lo que está claro que luego estamos los intérpretes de este “Lenguaje Musical” que compone la complejidad de la notación musical con todas sus variables, porque… la Música es más de lo que nos transmiten las partituras.

La Música se vive en el espacio y en el tiempo con el alma del que la interpreta y el corazón del que la escucha.

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