14 Dic 2019

La eterna pregunta que a menudo escuchamos en el despacho de la academia cuando comienza el curso es: ¿Para tocar un instrumento, tengo que aprender solfeo?

Nosotros intentamos explicar que aunque, a priori, no sea muy necesario, es recomendable desde el principio. Por supuesto, explicamos que ahora no lo llamamos solfeo, sino que lo llamamos: Lenguaje Musical. La mayoría se sienten algo aliviados porque el hecho de escuchar la palabra solfeo les crea la sensación de antaño de ser un poco aburrido, difícil y que no sirve para tocar. Afortunadamente, esa sensación va desapareciendo desde que, en el año 1992 con la reforma educativa que se hizo en este país, la famosa asignatura de solfeo pasó a llamarse Lenguaje Musical.

En este artículo voy a hacer un breve resumen de lo que es la asignatura de Lenguaje Musical. El epígrafe del título que recibe, da lugar a un pensamiento muy amplio de lo que puede ser, porque como yo les digo a mis alumnos: —todo lo que no es aprender a tocar un instrumento, lo aprenderemos en  Lenguaje Musical—. Es por eso que este escrito lo voy a centrar en la asignatura básica, porque en una buena educación musical tiene que haber una formación integral de todos los aspectos de la música—armonía, contrapunto, análisis, historia, técnica del instrumento y un largo etcétera de cosas que hacen que uno pueda ser “Músico”.

El lenguaje musical, como concepto, está en toda manifestación sonora y escrita, de la música.

Lo primero que voy a explicar es el término: SOLFEO.

El solfeo, tradicionalmente, se ha considerado una disciplina de la música en la que una persona es capaz de  leer una partitura, entonarla pronunciando las notas—do, re, mi, fa, sol, la, si—,  marcando el compás y sabiendo darle  interpretación a todos los signos escritos. Esto es lo que llamamos Solfear. Hay que tener en cuenta que el término viene de la Solmisación y que podemos agradecérselo a Guido D’Arezzo—monje que en el siglo XI puso el nombre a los sonidos—. Hasta no hace tantos años, en una formación académica, lo que se estudiaba era Solfeo, importante para un buen conocimiento de lo que nos dicen las partituras. Con los años, esta disciplina se quedaba un poco escasa para la buena formación de un músico, ya que, en los conservatorios, cuando se acababan los seis cursos de solfeo—preparatorio y cinco cursos más, uno tenía que abordar otras asignaturas de la carrera musical como: armonía, formas musicales, acompañamiento, historia, estética, acústica… y en ocasiones eran costosas porque en la preparación previa no se habían trabajado. El paso del llamado solfeo a la asignatura de Lenguaje Musical, supuso una ampliación de miras, ya que ésta trabajaba muchos aspectos del lenguaje que hasta entonces estaban un poco descuidados. Las reformas educativas, en ocasiones son criticadas y censuradas, pero tengo que decir a favor, que ampliar el solfeo a una asignatura que trabaja muchos factores musicales fue un avance pedagógico. Por contrapartida, la enseñanza de la asignatura, tuvo su proceso de adaptación tanta para el alumnado como para el profesorado.

Hablemos pues de la asignatura de: LENGUAJE MUSICAL.

Realmente, aprender música es un proceso de muchos años y, como en un idioma, su asimilación lo da la buena preparación y dedicación, en definitiva: “hablar en música”. Digo esto porque el lenguaje musical al igual que un idioma, uno tiene que saber “pensar” en él. Leyendo estas líneas, cualquier neófito se puede asustar, pero tengo que decir que con un buen método pedagógico y un buen profesor todo se consigue y además con todo lo que se trabaja en Lenguaje Musical, cualquier alumno disfruta desde el primer día.

A nivel académico, la asignatura se plantea en cuatro cursos elementales y dos profesionales. A diferencia del antiguo solfeo, los alumnos llegan después a las asignaturas más complejas  y las afrontan  con naturalidad.

Tenemos que tener en cuenta que se plantea para que, aparte de aprender a solfear, el alumno eduque el oído, entienda la música, su estructura, su estética y sepa relacionar todos los elementos y en un futuro pueda integrarlos en el bagaje musical tanto si es intérprete, compositor o un buen músico aficionado. Lo que está claro es que, si se trabaja bien, uno disfruta de la música mucho más y mejor. La música es un lenguaje universal que, si se conoce, se vive de otra manera.

Los aspectos que se trabajan son:

Teoría: consiste en ir aprendiendo e incorporando progresivamente todos los aspectos reglas, definiciones, escritura, etc.

Lectura y Entonación: disciplina necesaria para dominar la buena interpretación de las partituras sin apoyo del instrumento. Esto es lo que sería el antiguo solfeo.

Dictado: habilidad imprescindible para cualquier músico. Al igual que, cuando uno habla un idioma luego aprende a escribir lo que escucha, con la música ocurre lo mismo. El adiestramiento paulatino hará que seamos capaces de plasmar en un papel las diferentes voces y armonías que escuchemos.

Audición: Un futuro músico y melómano, debe de aprender a escuchar y diferenciar los distintos timbres de los instrumentos.

Análisis: Poder reconocer las estructuras donde los compositores han escrito sus ideas es muy importante. Comprender su armonía, textura, estética etc. nos va a ser de gran ayuda para memorizar, e interpretar cualquier tipo de partitura.

Historia: importante para situar los estilos musicales, compositores y darles el carácter propio.

Todos estos aspectos se pueden ampliar, de manera que sirvan para que el alumno esté preparado para las asignaturas que tendrá que afrontar en una formación profesional.

La creatividad, improvisación, expresión corporal, canto coral… también son destrezas muy útiles para un mejor aprendizaje. Éstas se pueden ir incorporando en relación a los conocimientos y nivel.

Después de un breve resumen de lo que puede ser el estudio del lenguaje musical, puedo decir que en la experiencia de los 41 años de Musicales Andiano, afrontar el lenguaje de la música con tantos aspectos diferentes, hace que los alumnos disfruten desde el primer día. Tanto niños como adultos comprueban, en poco tiempo, lo interesante, útil y divertido que es entender una partitura, saber de instrumentos, cantar a voces, escuchar música y distinguir los diferentes sonidos, incluso ser capaces de componer melodías, ponerles acordes y poderlas tocar o cantar.

Recomiendo a todas las personas que empiezan a tocar un instrumento que, aunque existan partituras facilitadas para poder tocar desde el primer día, el lenguaje musical nos va a aportar la riqueza necesaria para que nuestras interpretaciones traspasen las propias partituras. En definitiva, conocimiento necesario para poder ir más allá.

Confieso que la palabra solfeo no la he quitado de mi lenguaje cotidiano; supongo que será nostalgia de aquellas tardes de conservatorio, cantando todos; do, re, mi... Esa época la recuerdo con cariño y pienso qué labor tan importante la de aquellos profesores de Solfeo, nunca valorados. En estos tiempos de “lenguaje musical” quiero destacar y dar las gracias a todos los pedagogos que con sus aportaciones han hecho que hoy hayamos llegado hasta aquí.

Begoña Andiano

14 Dic 2019

Hace unos meses, publicamos un artículo titulado ¿Qué es la pedalera o pedalier? En aquél, explicaba que eran los pedales de un órgano y para qué servían. Lo que no dije es la función musical que desempeñaban y por qué era útil tocarlos.

En este nuevo artículo voy a hablar de los efectos musicales que podemos tener con un teclado que se toca con los pies: La Pedalera.

Ya sabemos, que en la mayoría de los órganos de mueble, sobre todo si son litúrgicos,  se dispone de un teclado —pedalier— para ser tocado con los pies. La mayoría constan de 30 o 32 pedales que son bifónicos, para poder tocar un sonido con cada pie. Si el órgano no es litúrgico y es de mueble con caja de ritmos y sonidos de todo tipo, —tipo órgano Hammond— pueden tener una octava de pedales e incluso dos. Estos pedales suelen ser monofónicos. Tanto en unos como en otros, no tenemos dinámica —sensibilidad—. La función musical básica se centra en los bajos  —notas graves que dan el soporte musical a cualquier obra musical—. Disponer de las manos y los pies, hace que podamos tocar más voces independientes.

Después de esta pequeña introducción, voy a hablar de uno de los elementos aplicable a un teclado:

 La Pedalera Portátil.

El mundo de los instrumentos electrónicos: pianos, teclados y órganos, evoluciona constantemente. Las fábricas están siempre innovando,  en lo que se refiere a: la calidad del sonido,  la incorporación de  nuevos recursos y mejora del toque de los teclados, —peso, dinámica, after touch, etc.— elementos que hacen que la ejecución del interprete, gane en expresión y los sonidos electrónicos sean cada vez más reales, sobre todo en directo.

 Precisamente las pedaleras del siglo XXI han mejorado y hoy las tenemos: sensitivas, multitímbricas y polifónicas. Eso nos permite tener un teclado para los pies con muchas más posibilidades. Las pedaleras podemos conectarlas a un teclado o a un piano por vía MIDI o USB. Normalmente suelen tener 13 pedales —de Do a Do— o 17 pedales —de Do a Mi—. También existen de 2 octavas. Aunque pueda parecer que  una octava de pedales es limitado, sabiéndolos usar, es un recurso insustituible.

El uso musical de la pedalera.

1- Bajos: es el uso musical básico. Toda música tiene un bajo, —nota que manda en la armonía y que da el soporte fundamental a la densidad sonora—, tanto si tocamos música clásica o un rock and roll.

Normalmente cualquier acorde tiene su nota fundamental —el bajo—. Hay que decir que en música popular —rock, pop, swing, etc.— se puede acompañar con el bajo fundamental y su quinta; es el principio básico de cualquier fórmula rítmica en lo que al bajo se refiere y, aunque la ejecución con el pie no es tan versátil ni tan rápida como con las manos, esto nos da la oportunidad de tener más recursos y poder tener más independencia  para tocar diferentes sonidos; melodías con la mano derecha, armonías y contrapuntos, con otros sonidos, con la mano izquierda y con el pie, los bajos e incluso otros timbres, simultáneamente. Evidentemente, si contamos con un teclado workstation los acompañamientos automáticos poseen una línea de dibujos musicales para los bajos que en ocasiones no se pueden ejecutar con los pies. Lo que ocurre que los automáticos nos pueden limitar musicalmente, a pesar de tener muchas posibilidades músico- armónicas. Los arreglos automáticos  reconocen cualquier inversión del acorde y el propio teclado ejecuta el bajo fundamental que corresponde e incluso podemos programarlos para que identifique la nota más grave independientemente de la inversión. Tocar físicamente los bajos nos va a dar más expresión e independencia musical. La ejecución es menos rápida que con las manos por eso en ocasiones los bajos los ejecutaremos en el teclado. Para los bajos, se ponen sonidos —voice— de la sección bass o se puede emplear también, cualquier sonido grave. Al poder utilizar las pedaleras de manera  multitímbrica, podemos sumar sonidos afinados de percusión como los timbales de orquesta.

2- Efectos musicales: en ocasiones podemos emplearla para tocar pad de percusión —platillos, caja, castañuela etc.— o efectos sonoros —lluvia, truenos, viento o cualquier otro efecto de sintetizador—.

3- Control de modificaciones de funciones: en teclados de gama alta podemos utilizar la pedalera para modificar acordes y arreglos automáticos —fingered, finger bass etc.— a tiempo real, mientras tocamos.

Espero que después de leer estos pequeños apuntes sobre la pedalera portátil, los teclistas que no se han animado a tocar con los pedales, prueben y aprovechen lo que nos brindan estos curiosos teclados para nuestros pies.

Begoña Andiano

14 Dic 2019

Tocar un instrumento sin saber nada de música, nunca es fácil.  A lo largo de la historia, los humanos nos las hemos ingeniado para hacernos la vida más sencilla, cómoda y llevadera y... si hablamos del terreno musical, podemos decir que también hemos tratado en los últimos siglos, de hacer lo propio. Digo siglos, porque, del tema que vamos a hablar en este artículo, ­—el invento en cuestión— data del siglo XIV. Me refiero a: la Tablatura o Cifra.
Representar música en un papel, no es tarea simple. Por eso, la notación musical ha sufrido muchos cambios en el tiempo. Del sistema alfabético de los griegos para representar los sonidos, pasando por la escritura neumática del canto  gregoriano, los tetragramas y nuestro valioso pentagrama para poder escribir la altura de los sonidos, pasaron bastantes siglos. Lo curioso es que en el 1300, se empezaron a idear sistemas de escritura musical para poder ejecutar un instrumento, con pocos conocimientos musicales.
Las tablaturas o cifrados son notaciones que nos ayudan a saber que notas tocar indicando por medio de números, dónde colocar los dedos en el instrumento. Si bien en sus inicios, la tablatura representaba la música para una voz, luego surgieron las tablaturas para los instrumentos polifónicos  como: el laúd, la vihuela, la guitarra, el arpa, el órgano, el clavecín, el clavicordio y el virginal.
Cada tablatura tenía las particularidades del instrumento. Todas tenían en común una cosa: facilitar la lectura y así poder tocar en poco tiempo sin tener muchos conocimientos musicales.
De aquellos tiempos conservamos partituras- tablaturas.

Evidentemente la notación ha evolucionado  con el tiempo y desde finales del XVI, el pentagrama con todos los símbolos y grafías específicas ha sido la partitura por antonomasia.
Aunque en los últimos siglos éstas hayan sido la fuente habitual de transmisión de la música, en el siglo XX se recuperó la tablatura más utilizada. Hablamos de: La Tablatura de guitarra.

Saber cómo funciona la notación es fácil. Ésta se escribe en un hexagrama que representa las 6 cuerdas de la guitarra. En las líneas aparecen unos números que indican el traste que hay que tocar y en qué cuerda. Anteriormente ya había puntualizado, que cada tablatura es para el instrumento que la representa. Por eso, si yo leo la tablatura o cifra de una bandurria —aunque también tenga 6 cuerdas como la guitarra— no sirve porque la afinación es diferente.
La mayoría de las partituras también indican la duración de los sonidos. En ocasiones, cuando vemos partituras escritas con un pentagrama en clave de sol y debajo con hexagrama, en la tablatura la duración no aparece porque ya está reflejada en el pentagrama.


El sistema de tablatura para tocar la guitarra es muy útil. Nos permite en poco tiempo interpretar melodías sin tener que pensar dónde se encuentran los sonidos y con qué posición colocar la mano en el mástil. La tablatura nos indica en que trastes poner los dedos.
Para comenzar, es cómodo este sistema, pero, aprender a leer partituras en un pentagrama con clave de sol, nos limitará menos. Las partituras con pentagramas son comunes para todos los instrumentos, ya que en ellas se representan la altura de los sonidos y su duración.
Hoy en día, un guitarrista que se precie, sabe leer los dos sistemas. En el siglo XXI cada vez es más frecuente encontrar partituras tanto de música popular —rock, heavy metal, jazz, folklore—como música clásica con las dos notaciones simultáneas: un pentagrama en clave de sol y debajo un hexagrama con la tablatura. Ésta nos facilita y resuelve las posiciones y digitaciones que hay que afrontar con este instrumento —la guitarra—.
Siempre que un sistema de notación nos facilite la lectura, hay que incorporarlo al aprendizaje del lenguaje musical.
¡Vivan las tablaturas!
Begoña Andiano

 

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