16 Dic 2018

Llegan las fiestas del Pilar y no puedo evitar recordar aquellos Pilares de los 80'. En Musicales Andiano disfrutábamos de la fiesta, haciendo música. Los que tenemos una edad podemos recordar las exposiciones, exhibiciones y conciertos que  hacíamos en la antigua Feria de Muestras. Por aquel entonces, alquilábamos un espacio —un stand— y subíamos con todos los instrumentos más novedosos que había en el momento, para que el público de Zaragoza y de otros lugares viesen y oyesen de primera mano los instrumentos que  se fabricaban e  inventaban por aquel entonces. Hay que tener en cuenta que no teníamos Internet ni Youtube ni nada que se le pareciese. 
Por supuesto el más novedoso era: el Órgano Electrónico.

                                    
El  invento en cuestión databa de 1935, construido por el americano Laurent Hammond y a lo largo de todo el siglo XX habían surgido muchas empresas haciendo costosas inversiones en el desarrollo de la tecnología aplicada a estos instrumentos de teclado. En los sesenta aparecen los primeros sintetizadores y un largo etcétera de instrumentos de teclado; eléctricos y electrónicos. Sobre éstos, ya contaré en otra ocasión.
En el artículo de ahora, quiero hablar de uno de los instrumentos que a lo largo del siglo fue cogiendo posición en cuanto a la utilidad musical se refiere y, si bien, empezó empleándose en estilos tan diversos como el jazz, gospel, rock pop... a medida que cogió popularidad, bajó de precio, ganó en calidad de sonido y se incorporaron funciones musicales para que los aficionados y melómanos pudiesen tocarlo en poco tiempo aprovechando los recursos del instrumento, se convirtió en el instrumento de moda a finales de los 70' y fue el instrumento top en los 80'. Me refiero al: Órgano Electrónico.
Los órganos electrónicos nos permitían tocar con las  manos y los pies infinidad de timbres y hacer que una sola persona se convirtiera en una orquesta de varios músicos.

                           
Para poder escucharlos, en el stand de Musicales Andiano tocaban unos organistas singulares; me refiero a nuestros pequeños niños prodigios de la academia. No era habitual ver a niños tan pequeños tocar en aparatos tan grandes y sofisticados. Recuerdo que el stand se colapsaba de público. En sus caras se intuía la admiración de muchos, la incredulidad de otros —pensaban que no tocaban los niños porque estaban oyendo una caja de ritmos y sonidos que no eran los del piano o del viejo harmonium de la iglesia—, la fascinación de los que habían tocado en el piano de su casa y veían que con estos instrumentos con teclado también podían tocar otro tipo de música que no fueran estudios de Czerny o sonatinas de Clementi, o la decisión de algunos de acercarse a la tienda y comprar uno de estos instrumentos que estaban de moda, que no valían tanto como en los años setenta, que lucían en una casa —todos tenían mueble—y además se podían tocar a cualquier hora con auriculares.
Después de esta breve introducción histórica, voy hablar de la importancia a nivel musical que tuvo el órgano en aquella época. Era el instrumento perfecto para acercarse a la música, ya que con pocos conocimientos previos se lograba tocar música en poco tiempo. Recuerdo aquellos Pilares con nostalgia. Entonces el tiempo y la vida era más calmada. Los niños tenían tiempo de tocar, jugar, estudiar... La sociedad tenía capacidad de sorpresa. Se sorprendía de las novedades, de lo extraordinario de todo que no fuese cotidiano... 

                     
Con la perspectiva del tiempo puedo decir que, gracias a estos instrumentos muchas personas aprendieron a tocar y a hacer música. De no ser así, igual no lo hubieran logrado y muchos de los niños que estaban tocando en el stand de la Feria de Muestras, hoy son unos buenos profesionales. 
Cuando recordamos aquellos momentos con ellos, nos viene a la memoria lo que disfrutábamos. Cada día era una aventura. Siempre haciendo música nueva; solos o en grupo. Improvisábamos o tocábamos lo que la ocasión requería; desde jotas el día del Pilar, hasta los últimos temas de actualidad —Thriller, We Are The World, el mítico In the MoodEn forma—, Carros de fuego o Moliendo café... Los alumnos recibían las fiestas del Pilar con ilusión, esperando qué autoridad iba a pasar por el stand o en qué periódico o radio iba a salir una reseña que hablase de la música de Órgano electrónico.
Estamos en el siglo XXI y todo es diferente. Se vive a la velocidad que nos da la fibra óptica y de los megas de que disponemos. No tenemos tiempo de conversar en vivo y hablamos por WhatsApp, Chat o por Skype. No tenemos tiempo charlar tranquilamente sin pensar que el tiempo es oro para hacer otro tipo de cosas que en los 80' ni se nos habrían ocurrido. 

                                
¿Cómo no me voy a ponerme nostálgica pensando en aquellos Pilares donde las horas del día eran más largas que hoy y que el poder compartir música, risas y vida, no estaba sujeto a la velocidad que nos marca este siglo?
Lo que me reconforta es que, después de cuarenta años enseñando música, me he dado cuenta de que los humanos nos adaptamos a todo y que todo lo que se ha hecho y vivido marca una senda para seguir caminando —en este caso con la Música, indispensable para la vida—
¡Gracias! a los inventores del Órgano electrónico. Ellos abrieron el camino que un día tomamos muchos de nosotros.
Begoña Andiano

 

16 Dic 2018

Siempre que vemos un teclado, solemos pensar en el piano—instrumento rey de las teclas— pero, realmente existen en el mundo muchos instrumentos de teclado y de muy diversas formas.

Los instrumentos de teclado pueden ser:

  • Instrumentos de viento (órgano, acordeón, melódica, harmonium)
  • Instrumentos de cuerda (piano, clave o clavecín, clavicordio, clave-laúd,espineta, virginal)
  • Instrumentos de percusión (celesta)
  • Instrumentos electrónicos (teclado electrónico, piano eléctrico y electrónico, órgano eléctrico y litúrgico, sintetizador, mellotrón, sampler, keytar)

En este artículo nos vamos a centrar en el órgano, el piano y el teclado; que son los instrumentos más comunes y populares.

A menudo, las personas que se acercan a la academia quieren aprender a tocar un instrumento de teclado, pero no saben si tocar el piano, el teclado o el órgano y en ocasiones no conocen sus diferencias­­ (todos tienen teclas).

Por eso, hemos pensado que sería interesante aclarar un poco sus diferencias y sus parecidos.

Los instrumentos de teclado están diseñados para producir el sonido moviendo teclas blancas y negra por medio de los dedos de las manos.

Los teclados musicales están hechos sobre la base de la afinación oriental. Las notas naturales de la escala de do (do, re, mi, fa, sol, la, si) son blancas y de mayor tamaño, mientras las correspondientes a los sostenidos (do, re, fa, sol, la) o bemoles (re, mi, sol, la, si) son negras y un poco más pequeñas.

La organización convencional de las notas en el teclado data del siglo XV, aunque la idea de teclado puede rastrearse hasta el siglo III a. de C., con el hydraulis (órgano de agua griego).

Aclarado lo que es un teclado, vamos a hablar de cada instrumento en particular.

El órgano: es un instrumento de teclado que sus orígenes se remontan a la época de los griegos. Hoy podemos hablar de varios tipos: litúrgicos (con registros emulando a los órganos de tubos) y electrónicos (con registros de toda índole, desde el sonido de órgano Hammond hasta cualquier timbre orquestal). Todos suelen llevar mueble, varios teclados, pedal de expresión y pedalera o pedalier. Normalmente llevan 61 teclas en cada manual (teclado) pero puede variar según marcas de los fabricantes o lo artesanales que sean (me refiero a los de tubos). Sus teclados no son sensitivos (dinámicos) y sus pedalera tampoco.

El piano: Otro instrumento de teclado que surge en el siglo XVIII de la evolución del clavicordio. El invento se atribuye a Bartolomeo Cristofori. La diferencia con el órgano es que éste, el sonido original se produce golpeando con unos martillos las cuerdas. Tiene 88 teclas contrapesadas, aunque tenemos pianos especiales de la marca Bösendorfer con 92 y 97. Hoy en día aparte de los pianos acústicos (verticales y de cola) tenemos los electrónicos de cantidad de maneras, precios y prestaciones.

El teclado: este instrumento tiene 61 teclas (5 octavas), menos frecuentes encontramos teclados de 76 teclas (6 octavas y media). La mayoría de las veces son sensitivas, pero no contrapesadas.

Tenemos muchos formatos: workstations donde tenemos una estación musical para poder hacer lo que queramos; desde grabar nuestra música (pop, jazz, rock, clásico…) hasta tocar en directo como si fuésemos una sinfónica. También están los sintetizadores que generan sonidos fantásticos o los samplers que los muestrean de los originales.

En cualquier caso, todos estos instrumentos se parecen porque todos se ejecutan a través de un teclado con los dedos de las manos.

Si uno se quiere acercar a tocarlos puede empezar con cualquiera. En el piano notará que pesan las teclas y cuesta un poco más a diferencia del órgano o del teclado. La elección la marcará el tipo de música que queramos hacer, el espacio  del que dispongamos para el instrumento y la inversión. Tenemos un amplio abanico para todos los bolsillos.

La experiencia de todos estos años nos hace afirmar que tanto si empezados con el teclado, con el órgano o con el piano, podemos llegar al mismo sitio: a hacer música con toda la cantidad de recursos que poseen estos tres instrumentos.

¡Anímate y acércate a conocerlos! Te sorprenderán.

Begoña Andiano

16 Dic 2018

Cuando uno ve tocar a un organista o a un teclista, raramente se fija en que aparte de mover sus manos, en ocasiones, también está moviendo sus pies.

Este artículo va a hacer referencia a la gran desconocida: La pedalera o pédalier en francés.

La pedalera o pedalero, es un teclado que se toca con los pies. Este complemento empezó a incorporarse alrededor del siglo XIII en los órganos de tubos, para poder tener más registros graves, poderlos ejecutar con los pies, tener más posibilidades con las manos y así poder tocar más voces. A lo largo de la historia, ha sufrido transformaciones constantes. Las primeras pedaleras tenían pocas notas y en ocasiones eran con un diseño diferente a las pedaleras que conocemos hoy. Estas se llamaban contras.

Las pedaleras de los órganos litúrgicos se colocaban en función de la cantidad de tubos que tuvieran y lo grande que fuesen los instrumentos.

En el siglo XX con toda la evolución tecnológica hemos pasado a tener muchos formatos de órganos y teclados.

A principios del siglo, aparte de evolucionar y mejorar los órganos de tubos, surgieron los órganos electrómagnéticos de la mano de  Laurens Hammond donde en el diseño de la consola con dos teclados, se incorporaba también una pedalera.

La pedalera nos permite tener muchas más posibilidades a diferencia de  tocar sólo con las manos. En ocasiones vemos órganos que poseen varios teclados (dos, tres, cuatro…). A esto siempre le sumamos un teclado extra para nuestros pies, con el cual tocamos los graves de la música.

Cuando hablamos de pedales nos podemos referir a: pedalera del órgano, a las pedaleras multiefectos, a otros pedales que se incorporan en los órganos para cambiar de registros , pedal de sustain, shift, pedal de expresión etc.

Las pedaleras de hoy en día son de muchas maneras.

Para los órganos litúrgicos suelen ser palos largos de madera con treinta o treinta y dos pedales (dos octavas y media). Pueden ser rectas, cóncavas y radiales.

Para los teclados, son portátiles y no van incorporadas al mueble como suele ser habitual en los órganos litúrgicos. Tienen trece pedales o diecisiete. Las que se incorporan a los órganos Hammond, son de dos octavas. Van conectadas por un puerto MIDI o USB y lo más interesante es que son sensitivas y polifónicas (las de los órganos litúrgicos electrónicos o de tubos, son bifónicas para tocar un sonido con cada pie y no son sensitivas).

Con todas ellas tenemos muchos más recursos para poder ejecutar a tiempo real muchos timbres; bien sea con la función de tocar el bajo (que suele ser la habitual), o tocar los pad de percusión, efectos  especiales y muchos sonidos a la vez.

Nosotros, en la academia Musicales Andiano, llevamos muchos años haciendo que el estudio del órgano y del teclado,  permita a los alumnos en poco tiempo poder emplear las manos y los pies.

Nuestros estudios de órgano y teclado están organizados de manera que en el segundo o tercer curso puedan hacer uso de la pedalera.

La formación musical es muy amplia y, si bien, empiezan a tocar música moderna y popular, con el paso del tiempo tocan música clásica y aprenden a acompañar música litúrgica.

Por supuesto que en nuestro vocabulario, enseguida es familiar la palabra pedalera o pedalier.

Cuando preparamos los conciertos de la academia, intentamos que el público vea y se fije en las manos y en los pies de nuestros teclistas, que llevan mucha ejecución y movimiento. Es por eso que, cuando estamos en cualquier actuación, parece que lo que hacemos es magia. ¿Cómo es posible que una sola persona toque tantas cosas a la vez (melodías con violines, una trompeta solista, los timbales que redoblan, el bajo que retumba y un efecto de tormenta que nos recrea la banda sonora)? Pues efectivamente, la pedalera y el buen hacer del que toca ha sido el motivo.

Desde Musicales Andiano animamos a todas las personas que quieren tocar un teclado, que lo hagan con las manos y con los pies.

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