20 Nov 2018

Dentro de los actos de celebración del 40 aniversario de la academia, el sábado 15 de diciembre vamos a tener la primera audición de este curso 2018-19.

El evento tendrá lugar en el Palacio de Sástago a las 12:00 H.; un bello marco para escuchar a nuestros alumnos. 

El programa es de música clásica tocada al piano y a la guitarra y en él actúan alumnos noveles y más experimentados.

En la academia intentamos que el estudio de la música –a veces duro– sea recompensado con el aliciente de las audiciones y los conciertos. El aplauso del público es la vitamina necesaria para seguir tocando y estudiando y, si ese aplauso es de los padres y de las familias, las energías se refuerzan en nuestros alumnos, sobre todo en los niños. 

El estudio de la música y aprender a tocar un instrumento medianamente bien, es una carrera de fondo que se va haciendo día a día y año tras año. 

De la experiencia de estos 40 años en la docencia, puedo decir que el apoyo de las familias es fundamental para poder formar a futuros músicos. Nuestros alumnos, en ocasiones, han estado en la academia hasta 14 o 15 años seguidos y hemos visto esta evolución y todos los factores favorables que han hecho que muchos de ellos hayan llegado a ser los buenos músicos que son hoy. 

Después de 40 años dedicada a la enseñanza, puedo decir lo feliz que me hace ver a los alumnos que vinieron a la academia y la música se instaló en sus vidas.

Quiero dar las gracias a todos los padres que en todo este tiempo, han confiado y confían la educación musical de sus hijos a la academia Musicales Andiano. Ellos son también protagonistas de esta historia que comenzamos en 1978 y que seguiremos sin pensar en el tiempo. 

La música es un pensamiento de vida y los músicos no podemos vivir sin ella.

Quiero dar un aplauso a todas las personas que un día se embarcaron en la música y mucho ánimo a todas las que lo han hecho recientemente. 

Me despido con una bella frase de Franz Liszt que dice así:

"La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso."

Begoña Andiano

11 Oct 2018

Llegan las fiestas del Pilar y no puedo evitar recordar aquellos Pilares de los 80'. En Musicales Andiano disfrutábamos de la fiesta, haciendo música. Los que tenemos una edad podemos recordar las exposiciones, exhibiciones y conciertos que  hacíamos en la antigua Feria de Muestras. Por aquel entonces, alquilábamos un espacio —un stand— y subíamos con todos los instrumentos más novedosos que había en el momento, para que el público de Zaragoza y de otros lugares viesen y oyesen de primera mano los instrumentos que  se fabricaban e  inventaban por aquel entonces. Hay que tener en cuenta que no teníamos Internet ni Youtube ni nada que se le pareciese. 
Por supuesto el más novedoso era: el Órgano Electrónico.

                                    
El  invento en cuestión databa de 1935, construido por el americano Laurent Hammond y a lo largo de todo el siglo XX habían surgido muchas empresas haciendo costosas inversiones en el desarrollo de la tecnología aplicada a estos instrumentos de teclado. En los sesenta aparecen los primeros sintetizadores y un largo etcétera de instrumentos de teclado; eléctricos y electrónicos. Sobre éstos, ya contaré en otra ocasión.
En el artículo de ahora, quiero hablar de uno de los instrumentos que a lo largo del siglo fue cogiendo posición en cuanto a la utilidad musical se refiere y, si bien, empezó empleándose en estilos tan diversos como el jazz, gospel, rock pop... a medida que cogió popularidad, bajó de precio, ganó en calidad de sonido y se incorporaron funciones musicales para que los aficionados y melómanos pudiesen tocarlo en poco tiempo aprovechando los recursos del instrumento, se convirtió en el instrumento de moda a finales de los 70' y fue el instrumento top en los 80'. Me refiero al: Órgano Electrónico.
Los órganos electrónicos nos permitían tocar con las  manos y los pies infinidad de timbres y hacer que una sola persona se convirtiera en una orquesta de varios músicos.

                           
Para poder escucharlos, en el stand de Musicales Andiano tocaban unos organistas singulares; me refiero a nuestros pequeños niños prodigios de la academia. No era habitual ver a niños tan pequeños tocar en aparatos tan grandes y sofisticados. Recuerdo que el stand se colapsaba de público. En sus caras se intuía la admiración de muchos, la incredulidad de otros —pensaban que no tocaban los niños porque estaban oyendo una caja de ritmos y sonidos que no eran los del piano o del viejo harmonium de la iglesia—, la fascinación de los que habían tocado en el piano de su casa y veían que con estos instrumentos con teclado también podían tocar otro tipo de música que no fueran estudios de Czerny o sonatinas de Clementi, o la decisión de algunos de acercarse a la tienda y comprar uno de estos instrumentos que estaban de moda, que no valían tanto como en los años setenta, que lucían en una casa —todos tenían mueble—y además se podían tocar a cualquier hora con auriculares.
Después de esta breve introducción histórica, voy hablar de la importancia a nivel musical que tuvo el órgano en aquella época. Era el instrumento perfecto para acercarse a la música, ya que con pocos conocimientos previos se lograba tocar música en poco tiempo. Recuerdo aquellos Pilares con nostalgia. Entonces el tiempo y la vida era más calmada. Los niños tenían tiempo de tocar, jugar, estudiar... La sociedad tenía capacidad de sorpresa. Se sorprendía de las novedades, de lo extraordinario de todo que no fuese cotidiano... 

                     
Con la perspectiva del tiempo puedo decir que, gracias a estos instrumentos muchas personas aprendieron a tocar y a hacer música. De no ser así, igual no lo hubieran logrado y muchos de los niños que estaban tocando en el stand de la Feria de Muestras, hoy son unos buenos profesionales. 
Cuando recordamos aquellos momentos con ellos, nos viene a la memoria lo que disfrutábamos. Cada día era una aventura. Siempre haciendo música nueva; solos o en grupo. Improvisábamos o tocábamos lo que la ocasión requería; desde jotas el día del Pilar, hasta los últimos temas de actualidad —Thriller, We Are The World, el mítico In the MoodEn forma—, Carros de fuego o Moliendo café... Los alumnos recibían las fiestas del Pilar con ilusión, esperando qué autoridad iba a pasar por el stand o en qué periódico o radio iba a salir una reseña que hablase de la música de Órgano electrónico.
Estamos en el siglo XXI y todo es diferente. Se vive a la velocidad que nos da la fibra óptica y de los megas de que disponemos. No tenemos tiempo de conversar en vivo y hablamos por WhatsApp, Chat o por Skype. No tenemos tiempo charlar tranquilamente sin pensar que el tiempo es oro para hacer otro tipo de cosas que en los 80' ni se nos habrían ocurrido. 

                                
¿Cómo no me voy a ponerme nostálgica pensando en aquellos Pilares donde las horas del día eran más largas que hoy y que el poder compartir música, risas y vida, no estaba sujeto a la velocidad que nos marca este siglo?
Lo que me reconforta es que, después de cuarenta años enseñando música, me he dado cuenta de que los humanos nos adaptamos a todo y que todo lo que se ha hecho y vivido marca una senda para seguir caminando —en este caso con la Música, indispensable para la vida—
¡Gracias! a los inventores del Órgano electrónico. Ellos abrieron el camino que un día tomamos muchos de nosotros.
Begoña Andiano

 

26 Sep 2018

Tocar un instrumento sin saber nada de música, nunca es fácil.  A lo largo de la historia, los humanos nos las hemos ingeniado para hacernos la vida más sencilla, cómoda y llevadera y... si hablamos del terreno musical, podemos decir que también hemos tratado en los últimos siglos, de hacer lo propio. Digo siglos, porque, del tema que vamos a hablar en este artículo, ­—el invento en cuestión— data del siglo XIV. Me refiero a: la Tablatura o Cifra.
Representar música en un papel, no es tarea simple. Por eso, la notación musical ha sufrido muchos cambios en el tiempo. Del sistema alfabético de los griegos para representar los sonidos, pasando por la escritura neumática del canto  gregoriano, los tetragramas y nuestro valioso pentagrama para poder escribir la altura de los sonidos, pasaron bastantes siglos. Lo curioso es que en el 1300, se empezaron a idear sistemas de escritura musical para poder ejecutar un instrumento, con pocos conocimientos musicales.
Las tablaturas o cifrados son notaciones que nos ayudan a saber que notas tocar indicando por medio de números, dónde colocar los dedos en el instrumento. Si bien en sus inicios, la tablatura representaba la música para una voz, luego surgieron las tablaturas para los instrumentos polifónicos  como: el laúd, la vihuela, la guitarra, el arpa, el órgano, el clavecín, el clavicordio y el virginal.
Cada tablatura tenía las particularidades del instrumento. Todas tenían en común una cosa: facilitar la lectura y así poder tocar en poco tiempo sin tener muchos conocimientos musicales.
De aquellos tiempos conservamos partituras- tablaturas.

Evidentemente la notación ha evolucionado  con el tiempo y desde finales del XVI, el pentagrama con todos los símbolos y grafías específicas ha sido la partitura por antonomasia.
Aunque en los últimos siglos éstas hayan sido la fuente habitual de transmisión de la música, en el siglo XX se recuperó la tablatura más utilizada. Hablamos de: La Tablatura de guitarra.

Saber cómo funciona la notación es fácil. Ésta se escribe en un hexagrama que representa las 6 cuerdas de la guitarra. En las líneas aparecen unos números que indican el traste que hay que tocar y en qué cuerda. Anteriormente ya había puntualizado, que cada tablatura es para el instrumento que la representa. Por eso, si yo leo la tablatura o cifra de una bandurria —aunque también tenga 6 cuerdas como la guitarra— no sirve porque la afinación es diferente.
La mayoría de las partituras también indican la duración de los sonidos. En ocasiones, cuando vemos partituras escritas con un pentagrama en clave de sol y debajo con hexagrama, en la tablatura la duración no aparece porque ya está reflejada en el pentagrama.


El sistema de tablatura para tocar la guitarra es muy útil. Nos permite en poco tiempo interpretar melodías sin tener que pensar dónde se encuentran los sonidos y con qué posición colocar la mano en el mástil. La tablatura nos indica en que trastes poner los dedos.
Para comenzar, es cómodo este sistema, pero, aprender a leer partituras en un pentagrama con clave de sol, nos limitará menos. Las partituras con pentagramas son comunes para todos los instrumentos, ya que en ellas se representan la altura de los sonidos y su duración.
Hoy en día, un guitarrista que se precie, sabe leer los dos sistemas. En el siglo XXI cada vez es más frecuente encontrar partituras tanto de música popular —rock, heavy metal, jazz, folklore—como música clásica con las dos notaciones simultáneas: un pentagrama en clave de sol y debajo un hexagrama con la tablatura. Ésta nos facilita y resuelve las posiciones y digitaciones que hay que afrontar con este instrumento —la guitarra—.
Siempre que un sistema de notación nos facilite la lectura, hay que incorporarlo al aprendizaje del lenguaje musical.
¡Vivan las tablaturas!
Begoña Andiano

 

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